Algo me pasa con los gimnasios. He ido a varios y siempre es lo mismo; un cierto atractivo especial que se expresa en un festival de cuerpos sudorosos y miradas concentradas en el ejercicio. Y claro, mientras todos están en eso, la curiosidad empieza a meterse por los poros como un cosquilleo… imposible resistirse.
Ver un cuerpo ajeno siempre es interesante, pero hacerlo en una situación de gimnasio es aún más atractivo. Hay algo medio voyerista en un desconocido sacándose la ropa, duchándose y vistiéndose frente a ti, una especie de pausa a los pudores, todo porque están preocupados de otra cosa: Bajar ese kilito de más o deshacerse del rollo regalón. Un templo que tiene su santo grial en un solo lugar: El camarín.
Un camarín es un terreno neutro, sin vergüenzas. O, al menos, así es el de hombres. Es como si todas las inseguridades quedaran afuera y diera lo mismo quién te ve o no “a poto pelado”. Desfilan los culos, las pichulas, y es imposible resistirse a mirar ¿Quién no pegó una ojeada loca en las duchas del colegio? ¿Quién no ocultó una erección al ver a cierto individuo en pelotas bajo un caliente chorro de agua? Humanos somos, al fin y al cabo.
Es que, más allá de la evidente carga erótica y las innumerables fantasías involucrando gimnasios, cuerpos ejercitándose y duchas (en muchas ocasiones, incluso, las tres), lo más tentador siempre es comparar, ver al otro, sus formas y cualidades. Algo quizás olvidado, pero importante: Reconocer a quien tenemos al lado más allá de sus disfraces, reducido a su más esencial corporeidad.
Hace poco empecé de nuevo el gimnasio, esta vez con yoga, una experiencia que te empieza a transformar el cuerpo y la mente. Una invitación a conectarse con esta esencia más visceral que se hace patente al llegar al camarín y ver al otro desnudo ¿Qué te produce?
La verdad nunca tuve ése tema en un camarín. menos en el colegio. tal vez tenía puros compañeros feos.. jajaja
bueno.. y en el gimnasio era -como dices tu- un templo en el que idealmente la gente no se invade, es como fuera de cualquier pudo posible.
igual siempre es inevitable mirar.
Yo no tengo pudores en general con la desnudez, en el gimnasio me pasa que no suelo mirar a los otros, es que los desnudos así no me calientan… Soy más exhibicionista que voyerista, aunque si tengo la fantasía de que se me acerquen y me violen en una ducha! :p