Una muerte histórica

June 14th, 2015

Una muerte histórica

Santiago de Chile, 1985.

“Corran! Corran!”, les grita un joven a otras dos personas para que se suban a su auto y puedan escapar de una pequeña riña que se armó a la salida del Fausto. Los tres parten muy rápido hacia Apoquindo con Manquehue, donde el primero de ellos, Roberto, tenía un departamento que sus papás compraron para él. Esa noche él alojó a sus acompañantes, Marcelo y Arturo, quienes desde ese minuto se transformaron en un trío de amigos inseparables.

Pero esa amistad no duró mucho, porque al poco tiempo a Roberto le descubrieron una extraña enfermedad. Tan rara que luego de hacerle un par de exámenes en la clínica, lo expulsaron y le pidieron no volver. El rechazo fue total: su enfermedad no la tratarían ahí y tampoco su familia se haría cargo, de hecho, le pidieron que no les volviera a hablar.

Así, el guapísimo Roberto estaba diagnosticado con VIH – ese conchesumadre SIDA – en un estado ya bastante avanzado, y como en ese entonces era algo desconocido, mucho más lo era la forma de tratarlo.

Pero Roberto no estaba completamente solo, porque sus amigos Marcelo y Arturo decidieron tomar la enfermedad por su cuenta y cuidarlo, pese a que en su caso, la enfermedad se manifestó en su piel, llenándola de llagas y provocando más rechazo aún entre sus conocidos y amigos, quienes no quisieron tocarlo por mucho tiempo.

Sus últimos días estuvieron marcados por el encierro y una suerte de incubadora que lo mantenía “protegido”, ya que nadie aún sabía como tratarlo. Sin embargo, Marcelo seguía intentado hacerle sentir mejor acompañándolo y regalándole flores.

En una de sus visitas, Marcelo le preguntó a Roberto si podía darle un beso en la frente, como una forma de despedirse de su gran compañero. Roberto, con mucho temor, aceptó, pero acto seguido comenzó a llorar intensamente, emocionado porque nadie lo había tocado en años, sólo por el miedo de lo que podía ocurrir. En ese momento, Arturo y Marcelo se abrazaron fuerte y lloraron juntos. Los tres compartieron el profundo dolor que habían tenido que sobrellevar.

Roberto durante la madrugada de ese día murió. Ese mismo día, Arturo cumplió con avisar a sus padres, quienes simplemente dijeron: “que descanse en paz”. Un par de horas después llegó el Servicio de Salud y metieron su cuerpo, sin ningún tipo de preguntas, a un ataúd de metal el cual se procedió a quemar, junto con todas sus cosas: ropa, utensilios de casa, colchón y hasta su cama.

– Roberto, fue la quinta persona registrada en Chile en morir de VIH.
– Marcelo, es su amigo en las fotos.
– El Padre de Roberto apareció 10 años después en la casa de Marcelo para preguntar por la muerte de su hijo. Un cancer fulminante –al parecer– lo hizo recapacitar. Marcelo no le quizo entregar ninguna información.

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